Búsqueda personalizada

 En torno a la figura de los tres Reyes Magos se ha hablado, escrito y dibujo mucho a lo largo de la historia, se han hecho numerosas películas, novelas, narrativa, poesía, dibujado lienzos, cuadros, mosaicos y sin embargo, ¿cuanto hay de cierto en realidad sobre la figura de estos reyes y la aventura de su gran viaje a la búsqueda del hijo de Dios? A lo largo de este monólogo trataré de intentar agregar alguna luz a este pequeño misterio que rodea a tres de los personajes  más entrañables y misteriosos que nos presenta el texto sagrado.

  Si nos referimos a los hechos históricos los tres reyes Magos aparecen en el Nuevo Testamento según San Mateo capítulo 2, versículo 12, en donde se relata la tan conocida adoración en Belén y su viaje por la tierra de Judá, su visita a Herodes para preguntar por la anunciación del nuevo rey, sin embargo,  en la biblia no aparecen hechos históricos que asumimos como ciertos, tales como el hecho de que no se mencione el número de reyes Magos, sus nacionalidades, ni tan siquiera sus nombres,  es la iglesia católica que a lo largo de su historia moldea estos personajes hasta el punto de cómo los conocemos en la actualidad.

  En torno a estas figuras existe tanto misterio que no podemos afirmar de manera categórica de que se trataran de reyes, o su procedencia que aunque la mayoría apunta a Persia, no está del todo claro. Las primeras referencias a sus nombres las encontramos en el siglo VIII en una crónica en la que se mencionaba los tres nombres de los reyes Magos Bithisarea, Melichior y Gathaspa, es decir, Baltasar, Melchor y Gaspar y no fue hasta el 440 y 464 después de Cristo cuando se popularizó la figura de los tres Reyes Magos de manos del Papa Leo el Grande, aportando como prueba los tres regalos que si se mencionan trajeron los reyes para adorar al niño Jesús, oro, incienso y mirra.

 De cualquier manera es difícil probar todos estos hechos debido a la poca información que se tiene de la época, pero eso no quita que la Adoración de los Reyes Magos que hoy conocemos no sea una de las tradiciones cristianas más hermosas y carismáticas de las que dispone la iglesia Católica y por tanto debemos mantener ese espíritu cargado de misterio y que sin embargo tantas alegrías lleva al interior de nuestros hogares, lástima que otras figuras contemporáneas e inventadas para el consumidor estén acabando con esta entrañable tradición con casi quince siglos y medio de vida.

Fdo. Jorillo.